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miércoles, 2 de noviembre de 2022

CINCO OBRAS NEO-GREGORIANAS

 Entrevista: S.C.

Nos recibe nuevamente en su apartamento angevino Enrique Merello-Guilleminot. La presente nota resume el diálogo mantenido a propósito de una publicación reciente.

- En conmemoración del 35° aniversario del comienzo de su actividad como gregorianista, hace muy poco ud. hizo público en carácter de descarga libre, un conjunto de piezas de tipo gregoriano de su autoría ¿Qué nos puede decir a este respecto ?

-Habría que denominarlas piezas de « neo-gregoriano », aunque esto del “neo-gregoriano” no es tan nuevo, ni tampoco lo son estas piezas. De hecho la denominación « gregoriano » suscita un problema técnico de resolución no tan evidente.

-¿Cómo es esto ?

- Me explico : el repertorio gregoriano strictu sensu fue compuesto en la segunda parte del siglo VIII. No contamos aquí las piezas del llamado Ordinario de la misa (esto es, las piezas que se cantan siempre), ni el repertorio de los himnos y secuencias ni otras piezas extra-litúrgicas, las que sin embargo han sido asimiladas al llamado canto « gregoriano » sobre todo a partir de S. Pío X, e incluso adecuadas a su sistema de notación e interpretación. Quiere decir que las piezas posteriores han sido compuestas en el estilo de las del fondo antiguo, o adaptadas sus melodías al texto nuevo. Esto ocurre cuando la Iglesia establece nuevas festividades, como es el caso del introito Signum magnum de la Asunción de la Virgen María, que dom Claude Gay, monje de Solesmes, adaptó de In virtute del Común de Vírgenes, o cuando se introducen otras secciones en la Liturgia, como la aclamación de la misa Mysterium fidei, cuya melodía dom Eugène Cardine, también monje de Solesmes, adaptó de la antífona Crucem tuam del Viernes Santo. La genealogía de las piezas es pues un tema complejo tanto como su clasificación conforme a su estética e involucra distintas areas de investigación.

- Quiere decir que en el repertorio « gregoriano » tal como hoy se entiende, hay piezas « neo-gregorianas » ?

- El estudioso las conoce bien. Sin contar estas adaptaciones, o las piezas construidas a partir de fórmulas, un procedimiento muy usado que se denomina técnicamente "centonización", hay piezas tardías que escapan al estilo más propio del gregoriano y que sin embargo nadie las discute porque ya pertenecen a la Tradición de la Iglesia y están en los libros de canto. Se cantan siempre y así debe ser. Basta pensar en las antífonas marianas. Ni qué decir de la famosa Misa Real de Henri Du Mont puesta allí en el Liber usualis como pieza gregoriana, ¡cuando proviene del período barroco ! 

 

LA MISA GUARANÍ

- Hablemos de sus piezas. Ud. me decía que no son tan recientes.

- Así es. La última es la Missa II Avañe'e (Guaraní) que tiene ya once años. Esta obra más que « neo-gregoriana » -porque utiliza los modos gregorianos y está escrita en notación cuadrada, que es la que hoy universalmente se considera su notación propia- yo la enmarcaría en lo que denomino « música imposible ». ¿Cómo puede ser posible una misa con sus cuatro partes fijas (Kyrie, Gloria, Sanctus y Agnus Dei) de su forma gregoriana propia, pero escrita en una lengua amerindia como el guaraní ?

- ¿Cómo y por qué la compuso ?

- Ante todo, debo decirle que el guaraní es una hermosa lengua y que la cultura guaraní-misionera siempre me ha interesado mucho. Me encontraba entre 2011 y 2012 en misión docente enviado por el Coro gregoriano de París en Ciudad del Este (Paraguay), enseñando gregoriano en el hoy desaparecido Seminario San José, cuando se me ocurrió componerla, cosa que hice con inmenso placer como regalo al pueblo paraguayo.

- ¿Qué más puede decirnos de ella ?

- Que es una obra extremadamente simple, ex profeso, diría, con el objeto de que sea cantada en parroquias, sin ninguna dificultad. Fue estrenada por mis alumnos del Seminario durante las misas que cantábamos en la Catedral en presencia del Obispo del lugar, y su recepción fue muy buena.

- ¿Qué ocurrió después con ella ?

- Se editó en un cancionero religioso y entiendo que se sigue cantando en la actualidad.

EL AVE MARIA Y EL PATER NOSTER

-¿Y en relación a las otras piezas ?

- La primera en antigüedad es un Ave Maria alternativo al que todos conocemos y que fue la base sobre la que Tomás de Victoria escribió el suyo, a cuatro voces. El mío fue compuesto en Montevideo en 1987 cuando la visita de Juan Pablo II al Uruguay y hoy siento que peca de « moderno », con sus cadencias sugeridas y su forma con re-exposición temática. De todas formas lo cantamos mucho con el Coro « San Gregorio Magno » que dirigía el Prof. Garateguy por esa época y luego con la Schola Cantorum de Montevideo. ¡Hasta se cantó en mi boda !

- Hay también un Pater noster.

- Así es. Y es de los que se conocen, el más atípico.

- ¿Por qué ?

- Porque si uno se refiere a los Pater del Kyriale Romanum, que son tres (dichos A, B y C), se constata que su construcción es completamente diferente. Su forma es más propia a una antífona que a un recitativo litúrgico. Y sin embargo,  me parece que se “engancha” sin dificultad al Praeceptis salutaribus moniti del celebrante.

- Pese a esto, es decir a su forma “atípica”, se me ocurre que está más en el espíritu gregoriano.

- Bueno, es posterior al Ave Maria ; lo escribí en 1989. Y el porqué de la forma se lo respondo : he creído que la importancia de la Oración Dominical ameritaba una melodía propia. El Padrenuestro es la única oración revelada, y eso sería una razón suficiente para haberlo escrito.

 
 LA MISA BREVIS

- También hay otra misa.

- Sí, la Missa I, una misa brevis (breve) ya que tiene tres partes (Kyrie, Sanctus y Agnus Dei). Lo que sería una misa ferial como la Missa XVI o XVIII del Kyriale Romanum. Fue compuesta en Salinas (Ciudad de la Costa, Uruguay) en 1991, y en ella procuré ajustarme al estilo propio, con algunas salvedades, como el melisma sobre la última sílaba del eleison final.

- ¿Qué acogida ha tenido ?

- Solamente hice cantar el Kyrie por mis alumnos en el Seminario San José. Si ud. me permite la anécdota, tras la misa, el rector del Seminario, un sacerdote inglés muy partidario del gregoriano, se me acerca con estas palabras : « No conocía este Kyrie. ¿A qué misa pertenece? ».

-¿Sería factible su interpretación integral?

-En realidad, ud. sabe que hablando del Ordinario de las misas, se tiene una cierta libertad en la elección de las piezas, al punto tal que hay en el Kyriale Romanum un conjunto de piezas ad libitum: once kyries, cuatro glorias... Son las que la edición Vaticana aceptó como tales. Siempre se compusieron misas en el estilo del canto llano, para decirlo más precisamente. Ya hablamos de Du Mont, quien compuso cinco Misas de Canto llano publicadas en 1669 que fueron muy populares en Francia incluso hasta antes del concilio Vaticano II. Lo que hizo Roma cuando la edición Vaticana fue escoger y ordenar las piezas de más valor. Por ende, y estando afuera de ese selecto conjunto, entiendo que mi Missa I podría lícitamente cantarse en la Liturgia tal como se canta polifonía o piezas populares.

UN ALELUYA DE DIFUNTOS

- Finalmente, ud. escribió una pieza muy curiosa, un aleluya para la Misa de Difuntos.

- Eso fue en Montevideo, hacia 1992, es decir que hace exactamente treinta años. El Vaticano II incorporó la práctica de cantar el aleluya en lugar del tracto Absolve Domine, pero echando mano al texto (apócrifo) de IV Esdr 2,34-35 Requiem aeternam, el mismo que el introito, sobre el timbre aleluyático del Modo VIII, lo que constituye una melodía tipo, usada en otras partes del año litúrgico. Entonces, me dije, ¿por qué no una melodía original sobre el magnífico texto paulino de 1 Co 13,12 Videmus nunc per speculum? Un texto rico, profundo y ni qué decir apropiadísimo cuando se despide a alguien que deja este plano.

- Esta pieza tuvo su andadura también.

- Así es. En 1996 canté su aleluya en el PIMS (Instituto Pontificio de Música Sacra) de Roma. Fue en la fiesta de San Enrique. Y posteriormente en 2005, miembros del Coro gregoriano de París la interpretaron completa en la Maison de l’Amérique Latine, en París, tras una conferencia que ofrecí allí. Debo decir que es la única -para ser fieles a la Tradición- que cuenta con los signos neumáticos de Saint-Gall (uno de las más antiguos sistemas de notación del gregoriano venido de la Edad Media) y que además fue reproducida en el libro Por los caminos de Dios – Crónicas de un peregrino latinoamericano, aparecido en Montevideo en 2010, cuya 2da. edición verá la luz próximamente.

-Debiera poder cantarse en un contexto litúrgico…

- Es lógico que cuando se desea cantar gregoriano uno se refiera a la edición Vaticana, que es el gregoriano que la Iglesia reconoce como tal. Después están las piezas que por alguna razón se dejaron de lado y por lo tanto no están incluidas en los libros actuales, o finalmente las versiones melódicas “corregidas”, las ediciones “críticas” hechas a nivel privado hoy tan de moda, de lo que personalmente soy contrario pues la Liturgia no es un laboratorio de experimentación, y el gregoriano debe unir a los fieles, no separarlos. Pero siempre estamos hablando de un repertorio antiguo. En cuanto a las piezas nuevas, ya no entrarían en la categoría de “gregoriano” aunque de aspecto se les asemeje. El Videmus nunc podría entrar en lo que sería una Misa de Requiem, como la de tantos compositores, necesitándose para ello las demás piezas. Y le aseguro que por el momento no quisiera correr con la misma suerte que Mozart (risas), por lo que seguramente quedará así, como una pieza aislada, como un aleluya diferente y no-oficial al aleluya Requiem aeternam.

- ¿Cómo se explica que ud., un gregorianista reconocido, haya escrito estas piezas "por fuera” del repertorio gregoriano auténtico?

- Bueno, antes de dedicarme al canto gregoriano componía, escribía, dibujaba, todo lo cual prácticamente sigo haciéndolo, conforme a mi disponibilidad en razón a mis obligaciones. Hay cosas a las que uno no puede resistirse: concretamente, el deseo de expresarse en el marco de un lenguaje musical que le es completamente familiar. Aunque si nos atenemos a la profundidad, concisión, perfección y belleza del canto gregoriano, uno debiera dejarse de todas estas cosas para tan solo cantarlo, oírlo o admirarlo tout court, como dirían los franceses.                                        

Disponible gratuitamente en: https://merello-guilleminot.blogspot.com/p/descargas.html

S.C.


martes, 23 de abril de 2013

En busca del gregoriano perdido

La necesidad de trasvasar el ámbito de lo periférico se hace indispensable, si lo que se busca es redefinir el canto gregoriano como elemento intrínsecamente católico, y tanto “como el evangeliario, el cáliz o hasta el mismo celebrante”.

Hace un año me encontraba en el Paraguay, dando fin a una misión docente en ese país en representación del Coro Gregoriano de París y de su Escuela con asiento en la capital francesa. La tarea consistió en formar en la disciplina gregoriana a laicos, seminaristas y sacerdotes. Conviene saber ante todo que el paraguayo es un pueblo orgulloso de su linaje y sus tradiciones, lo cual es justificado habida cuenta de su pasado glorioso, relacionado  con uno de los experimentos antropológicos y religiosos más increíbles que recuerde la historia, de lo cual abundan libros,  películas y también opiniones, como es natural.
Sembrar pues, la semilla del canto gregoriano entre los habitantes de la antigua Paraquaria supuso transmitir a poblados auditorios la certeza de que su legado cultural en nada se enfrenta con aquella música; antes bien, en su momento era parte constitutiva del mismo. En efecto, en las reducciones de guaraníes establecidas entre los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, este repertorio era largamente practicado y copiado con atención (1), a la par de otros repertorios, todo lo cual  hacían con maestría bajo la atenta mirada de los maestros jesuítas. Cantarle pues, a Dios, con guitarras, arpas, teclados (hoy electrónicos) y flautas dulces constituye una práctica cotidiana, al menos en la diócesis de Ciudad del Este en donde me encontraba alojado, mismo si sus ejecutantes lo hacen “de oído”, es decir, sin conocimientos técnicos previos. Y ni qué decir de la polifonía, la cual es practicada de manera virtuosa en ese enclave musical.

EL GREGORIANO COMO VEHICULO DE CATOLICIDAD…               
Este encuentro de tradiciones: una música de desarrollo local, con elementos folklóricos, rica y colorida, y el repertorio gregoriano, tenían su lugar allí, sin conflictos de ninguna especie, lo que permitió que las melodías gregorianas se encontraran con otras en castellano y aún con piezas de mi Misa II Avañe’ê (Guaraní), la cual ha adquirido desde entonces y felizmente, un importante suceso en esa nación latinoamericana. 

Fragmentos del Sanctus (Nemarangatú) de la Misa Avañe’ê op. 6 de Merello-Guilleminot
 
También en Gabón, adonde me trasladé y establecí hace ya varios años con similares objetivos pedagógicos y artísticos, pude apreciar esta singular manera de integrar lenguajes musicales. Mi memoria vuelve con agrado una y otra vez a sus paisajes, a sus gentes de calidez y generosidad extremas, y particularmente a vibrantes celebraciones de las que fui protagonista, en donde se alternaba el francés –idioma oficial-, con lenguas bantúes como el myéné o el fang de los cantos tradicionales, y aún el latín de la Vulgata que canta el gregoriano. Ya lejanas celebraciones en la iglesia du Saint-Sacrement presididas por el sacerdote francés p. Guy Boulbin, y animadas por una incipiente schola conformada por mis alumnos gaboneses y la Coral del lugar denominada "St. Pierre Julien Eymard" que intervenía con sus cantos tradicionales: Voganyo zwe Rera, azwe n’awaniwo; voganyo zwe Rera, voganyo zwe nénon…(2)

 Una alumna de los cursos de canto gregoriano dictados por Merello-Guilleminot
dirige una misa en la Iglesia du Saint Sacrement, Port-Gentil, Gabón (2006).
 
Podría pensarse que todo esto, tambores africanos, la alegría de un pueblo negro enamorado de Dios, o la musicalidad oxítona del guaraní, orgullosa herencia amerindia, seguidos de los latines de ofertorios y comuniones venidos de una Edad Media profunda y lejana, conforman un cuadro de estética “kitch”, que hace de la liturgia católica apostólica romana un inesperado patchwork tejido con un gusto que puede ser sometido a la duda.

Sin embargo, la recurrencia de esta clase de mix musicales en la Presencia de Dios, podría ser justificada desde la práctica secular de mezclar estilos, sea en las misiones jesuíticas del Paraguay, en las jóvenes comunidades africanas, como en las misas celebradas en la Basílica de San Pedro. Yo agregaría incluso, que esto más que aceptable es saludable por necesario, si lo que se pretende es salvar del olvido el canto gregoriano, un patrimonio inmaterial de la humanidad que se aleja del conocimiento popular cada vez más, y no es tanto por lo que expresa Roma sobre el tema, como por lo que hacen los episcopados al respecto. Dejar, verbigracia, al menos el ordinario para que sea cantado en gregoriano por los fieles, lo cual evitaría que esta música quede penosamente encerrada en las páginas amarillentas de olvidados Liber Usualis y algún que otro Graduale.
 
… LEJANO Y CERCANO, ANTIGUO Y ACTUAL

Decía que me encontraba un año atrás en el Paraguay y quise culminar mi misión en ese país con una conferencia sobre la restauración del canto gregoriano acaecida entre los siglos XIX y XX.  Se podrá decir que esta restauración está en verdad en marcha, invocando la publicación reciente en 2011 del Graduale Novum (3), edición crítica del anterior Graduale Romanum conteniendo las melodías corregidas según las fuentes, en el marco de la liturgia dicha de Pablo VI, una obra que fue presentada y seguramente muy apreciada por Benedicto XVI. El trabajo ahora debiera ser llevar ese Graduale Novum al plano de las realizaciones: edificar la catedral invisible que esculpe en el aire el canto gregoriano.

¿Cuáles son las razones para seguir adelante con esta empresa restauradora, cuando es público –y los hechos recientes lo han dejado en manifiesto- que la Iglesia tiene frente a sí problemas de más perentoria solución que las cuestiones litúrgicas? Sin dudas, el amor por el gregoriano; su encanto que traspasa cómodamente lo confesional, un encanto no nacido de la nostalgia, no nacido en lo romántico, lo evocativo, o en la emoción sin más allá de ella, sino antes bien, en lo racional de la certidumbre de su valor teológico y artístico. Por esa razón estaba yo en suelo guaraní y me despedía de él con esa conferencia. Frente a mí, más de medio centenar de pares de ojos y oídos; eran seminaristas y religiosos de Ciudad del Este y de otras regiones del país, de la Argentina y del Brasil.

Ya sobre el final de mi exposición, refrescaba las críticas frecuentes a la inclusión de este repertorio en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia que se me plantearon más de una vez en tantos lustros de trabajo sobre, con y para el gregoriano, y cómo debieran afrontarse:
 



                   
                               Conferencia en el Seminario Mayor San José, Ciudad del Este (2012).

Recientemente, el Papa Francisco se manifestaba acerca de los peligros de transformar la Iglesia “en una ONG piadosa” si no se proclama a Jesús (4). Esto mueve a la reflexión y a preguntarse justamente si cantar en una lengua lejana y misteriosa en el templo no hace del culto y de la Iglesia que lo celebra la manifestación religiosa pública de un club selecto. En un ambiente cultural donde la mediocrización y los antivalores parecieran dominar, el establecimiento en las comunidades cristianas de una música como el gregoriano puede parecer una pretensión reñida con el momento. Pero si lo que busca la Jerarquía de la Iglesia es religar el hombre a Dios, mostrarle su cercanía, claro que cabe el uso de este instrumento privilegiado por su calidad, eficacia, antecedentes y relevancia. Proponerlo antes que imponerlo puede hacer de la liturgia una verdadera pastoral. ¿Cómo llegaron al corazón de los indios del lugar los jesuitas que intrépidamente se adentraron en las selvas americanas, si no a través de la liturgia y la música? Decía Santo Tomás que “los que oyen (…), aunque no entiendan lo que se dice en el canto (como sucede a los fieles que ignoran el latín) saben, sin embargo, con qué fin se canta, esto es, para alabar a Dios; lo cual (unido a la naturaleza de las sagradas melodías) basta para moverlos a devoción” (5). 

El riesgo latente de descuidar música y ars celebrandi en general es transformar el culto católico en un laboratorio experimental donde cualquier cosa es posible: gestos, glosas, sermones sobreabundantes de palabras y bostezos, música de estilo evangélico, negro spirituals y gospels incluidos, cuando no profano, desde melodías almibaradas y ramplonas hasta furiosos alaridos en estilo heavy metal. Los ejemplos sobran y por tanto redundan.


Es cierto que hace mucho  que quedó atrás el siglo IX, como quedó atrás también el X y el XI, y que las parroquias no son iglesias monásticas. Conviene saber que esta música no proviene de los ambientes monásticos, aunque sin duda allí fue custodiada y luego restaurada. No se trata entonces de practicarlo con un espíritu evocativo, con la idea inmovilizante de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Cierta vez, tras una celebración de completas en Montevideo junto a la Schola Cantorum de esa ciudad, alguien me manifestó quedar admirado por la “hermosa recreación del románico” de la que fue espectador. En realidad, se trata de rezar con estas melodías, y con esto se insufla vida a un patrimonio cultural y artístico concebido precisamente para ser celebrado en un ambiente cultual, empleando su lengua propia, que no es sino la matriz filológica de nuestras lenguas romances.
 
                                    Oficio de completas por la Schola Cantorum de Montevideo,
                            Cripta de la iglesia de Santos José y Maximiliano, Montevideo (1997).
 
El penoso desarrollo de celebraciones eucarísticas presididas por sacerdotes sin formación musical alguna y "animadas" musicalmente por señoras voluntariosas,  deviene en manifestaciones de un pauperismo que nada tiene  que ver con la “opción preferencial por los pobres” ni el llamado a una “Iglesia pobre” del Papa Francisco. Tienen que ver con el presupuesto que en la infinita misericordia de Dios, Él aceptará nuestra miseria manifiesta en una escueta aproximación de lo que debiera de ser una celebración en alabanza al Dios Creador de Cielo y Tierra, de lo visible e invisible. Diría yo que esto configura no tanto un despropósito como una paradoja, si recordamos la naturaleza musical de los salmos, base del gregoriano y parte constitutiva relevante de la liturgia de las horas y de la misa.
 
UNA ARGAMASA SONORA
 
Lastimosamente y sin importar en dónde se esté, las posiciones sobre cómo hacer la liturgia y qué cantar en ella difieren hasta las antípodas, por lo cual volver al rito latino en todo el orbe cristiano de forma excluyente resulta impensable: se trata de un sueño al cual la historia le pasó por arriba. Cabría considerar aquí, a fin de echar luz sobre la cuestión, el papel eminentísimo de la música en el discurrir del culto, que por momentos es el culto mismo; y por otro su efecto, aquella oculta familiaritate a la que alude S. Agustín entre el espíritu humano y el mundo de los sonidos que relaciona el universo afectivo y las diversas clases de música, razón en parte de su misma conversión (6).

Sin duda que hacer coexistir el gregoriano con otros lenguajes musicales apropiados, no es de orden para un gregorianista, aunque es un recurso de provecho espiritual, pues educa al Pueblo de Dios, al tiempo que hace que pastoral y liturgia no choquen innecesariamente. Podría invocarse una vez más el Vaticano II y su llamado a la constitución de scholae cantorum, particularmente en las grandes catedrales, o también la exhortación expresa a la enseñanza y práctica de la música sagrada en las comunidades y centros de enseñanzas vinculados a la Iglesia católica (7), todas ellas materias pendientes, a casi medio siglo de este documento.
 
                        
                Missa de Beata Virgine, por los alumnos que culminaron el curso
                “Canto gregoriano, Ñandejára Ñe’ê purahéi”,  
               Iglesia del Espíritu Santo, Ciudad del Este, Paraguay (2012).

En lo que a mí respecta, he dedicado la mayor parte de mi vida a estudiar, cantar y transmitir esta música entre fieles y no fieles de distintas latitudes y culturas. Puedo decir que desde 1985 estoy dibujando neumas en el aire con mi voz y con mis manos. Me congratulo de ello, aunque esta profesión haya supuesto ingentes esfuerzos materiales, profesionales y familiares: sabido es que el arte no cotiza en la Bolsa de Nueva York, y menos la música, de las artes la más inmaterial. Esto se agrava cuando el último hit de este género musical fue compuesto hace varios siglos atrás. Me he sentido en todos estos años un mensajero donde mensaje (contenido) y forma (continente) se encuentran de la manera más feliz. Y aún, en la mitad de mi vida, tengo ese sentimiento, sabiendo que Dios puso en mis labios y en mi quironomía una música frente a la cual se inclinaron todos los grandes, desde Mozart a Messiaen.

Ya en el codo de la historia, quería dejar por escrito los conceptos expuestos precedentemente, y concluir expresando, no tanto desde mis conocimientos como desde esa experiencia, aunque poco sea esto en la consideración de la larga marcha de esta música increíble, lo que resulta un hecho incontestable: el canto gregoriano actúa en las almas como una suerte de argamasa sonora que une las piedras vivas de la Iglesia Cuerpo Místico de Cristo. Une en la fe y allende la fe, transmitiendo una paz que “no es de este mundo”(7) como el Reino que anuncia, ese lugar en donde todo es perfectamente bueno, bello y justo; y no es poca cosa hoy, cuando la paz es una necesidad con aspecto de utopía. 

Si se lograra tomar conciencia de esto mismo, estas melodías periféricas podrían acercarse al centro de interés de los agentes evangelizadores, que es proclamar la cercanía de Dios. En definitiva, de lo que se trata es de darle vida con los labios a lo mejor del arte cristiano, y luego que las manos de quienes lo entonan lo hagan presente y vivo en un hodie sediento precisamente, de lo perfectamente bueno, bello y justo.


                                                                                               Enrique Merello-Guilleminot

(1) Cf. Enrique MERELLO-GUILEMINOT (2012), El gregoriano perdido de los guaraníes - Ejecución y copiado del canto gregoriano en la "República Jesuítica del Paraguay" (tesis de doctorado inédita), Bircham International University, EE.UU./España.   
(2) Oración universal en lengua myéné: "Escúchanos, Señor, nosotros somos tus hijos; escúchanos, Señor, escúchanos." En Gabón existen cerca de medio centenar de lenguas vernáculas agrupadas en nueve grupos lingüísticos. El myéné es la lengua propia de Port-Gentil y también la de la capital del país, Libreville.
(3) Cf. Graduale Novum Editio Magis Critica Iuxta SC 117: Tomus I: De Dominicis et Festis (Ed.ConBrio/Libreria Editrice Vaticana, 2011).
(4) Cf. PAPA FRANCISCO, Homilía de la misa de asunción, Ciudad del Vaticano, 14 de marzo de 2013.
(5) Citado por U.C., La música Sagrada Según Santo Tomás de Aquino, Ciencia Tomista, 4 (1912) pp. 425-439.
(6) Cf. AGUSTIN de HIPONA, Confesiones, Lib. IX, cap. 6.
(7) Cf. Constitución Sacrosanctum concilium, 114-115 (4 de diciembre de 1963).
(8) Cf. Jn 18,36.